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Por fin ha llegado el findeeeee!!

Novatos…Crónica de una Cena Anunciada

Desde los tiempos universitarios no me habían propuesto algo así, y es que hace tiempo que no me puedo considerar de ese rol digamos que, en casi ningún tema. Recuerdo mi primer año de Universidad. Si ya era bastante traumático pasar del Instituto con clases de 30 y patio con una zona multijuegos (campo de baloncesto, fútbol, voleibol, futbito y pista de atletismo…todo en uno) al Campus Universitario con clases de 300 (como en la película) y zonas comunes que se podrían recorrer en carrito de golf…pues imagínate si encima te catalogan como “NOVATO”.

Sí…ibas por los pasillos y se te leía en la frente “SOY UN NOVATO”. No entendías cómo podían saberlo, hasta que al año siguiente lo veías tú en los que entraban nuevos. Pero lo peor eran los rumores…los rumores de “la novatada”. Se oían cosas que harían cagarse vivo a Van Dame. No sabías si eran leyendas o casos reales, pero pensar que una soleada mañana de Noviembre podrías aparecer, cuanto menos, pintarrajeado y en gayumbos en medio del campus bailando el corro de la patata, mientras el resto de universitarios (y universitarias, que era lo peor) se partían el espinazo de risa al verte, pues como mínimo te estresaba. Cualquier día podría ser el elegido. Si el profesor tardaba más de 5 minutos en llegar, te acojonabas…si en la silla de al lado aparecía alguien cuya cara no te sonaba de la cola de matrícula, te acojonabas…si oías voces por el pasillo 5 minutos antes de que acabara la clase, te acojonabas…si un día entraba un extraño con bata diciendo que era el sustituto del profesor, te acojonobas… si pensabas en lo que te quedaba para terminar la carrera, te acojonabas (bueno, esto último no dejas de sentirlo durante el resto de los años)…joer, me estoy estresando sólo de recordarlo.

Bueno, pues afortunadamente esos tiempos cambiaron…alguien con más de 2 neuronas en estado activo, dedujo que una mejor forma para favorecer la integración de los nuevos participantes de un grupo (una universidad, un trabajo o cualquier entidad con personas) era la de organizar una fiesta en la que se les diera realmente la bienvenida. Claro, el ejército se ha mantenido siempre al margen en esta decisión y siguiendo una línea conservadora siguen dando al “bienvenida” a los novatos de una forma un tanto más ruda.

Pues tras unos añitos como participante de este grupo de personas que es Aidico, hace unas semanas se me propuso la asistencia a la que sería la “Cena del Novato – 1ª Edición”…quizá, por los organizadores que, siendo conocedores de mi afición a los actos indecentes de este estilo, pensaron en  mi aportación lúdica a tal evento, o simplemente sin ningún motivo concreto. Interesante e innovadora propuesta que contó con mi apoyo inmediato. ¿Para qué amenazar a las últimas adquisiciones de personal?¿Para qué pensar en colgarlas de la grúa del Edificio de Redes?¿Para qué ponerles sensores por el cuerpo y decirles que se les haría un ensayo de resistencia al Fuego? ¿Para qué proponerles un ensayo de tracción? (de traición sería más bien) ¿para qué colgarles del cuello un gran arco de Aidico y hacerles pasear por el Parque gritando “¡¡Con K de Kalidad!!”?…¿no sería mejor organizar una cena con fiestuki incluida?…Pues así se hizo!!

Se propuso una fecha, se reservó el sitio de la cena y se convocó a los posibles asistentes (es como hacer de Luis Aragonés, pero sin pelotas…de las del fútbol me refiero). No sé si estaban todos los que eran, ni si eran todos los que estaban (que al final se vio que no), pero tras unos días de “apuntamientos” y “desapuntamientos”, el día 30 de Mayo de 2008, a las 22:15h, en un punto de la ciudad de Valencia visible con ortofoto diurna con Google Maps, un grupo de intrépidos miembros de Aidico (y mujeres también, afortunadamente) se reunieron para celebrar la esperada Cena.

El lugar de la cita era fácil de encontrar, pero aún así fue curioso observar cómo 15 minutos después de la hora convenida, sólo había presentes los menos novatos de todos, entre los que me incluyo. Reconozco que, mientras me iba acercando al grupo, la sensación que notaba era la misma que la de cualquiera de las cenas anteriores de Aidico, es decir, veía a los de siempre…a los que no fallan una…a la esencia de la fiesta.

Realmente había una persona más, pero aun sin ser novata en fecha de incorporación, se le podría considerar novato en cenas Aidikeras, y es que claro, la falta de costumbre hace que no se mire bien la hora, y se quiera acudir a la cena una hora antes de lo convenido. Por suerte, quedar con una exnovata le salvó de una insufrible espera en la puerta…Fue como salir antes del disparo, lo que viene siendo una “salida nula” (no confundir con una que tiene muchas ganas pero lo hace todo mal).

Los minutos pasaban y mientras los exnovatos nos mirábamos pensando que los nuevos habían decidido variar el rumbo y nos habían dado plantón, el suculento aroma que salía del extractor de la cocina nos invadía como las margaritas voladoras del anuncio del Suavizante Flor, solo que no eran flores, sino calamares a la romana. Y no sé si era por el hambre que nos acosaba ya, o simplemente por no movernos, pero sin darnos cuenta nos estábamos alimentando de forma virtual y por la jeta. Eso sí, se podría considerar una prueba de fuego para las Colonias más fuertes.

No tardó mucho en llegar el primer novato, quizá más sorprendido que nosotros al ver que le recibía gente que de novata tenía poco ya. Pero supo camuflar la sorpresa e integrarse rápidamente en el grupo que a los 4 minutos siguió creciendo, por supuesto con más exnovatos…Y es que ahora me pongo a recordar, y pienso “¿cuántos novatos reales fueron a la cena?…unoooo (¡el brikindans!)…doooos (¡el crusaiiitooo!)….treeees (¡el maikelyanson!)…cuaatroooo (¡el robocós!)..uummm……ochoooo (maaaambo)!!”. Bueno, de una cena a la que fueron 16, no está mal que la mitad fueran novatos…lo que pasa es que se hicieron de rogar en la llegada, y parecía que nunca llegarían. Aunque se pensara que era la timidez, en realidad lo que pasaba era que la mitad de esos novatos estaban llenando el cuerpo de esa extraña mezcla de malta y lúpulo conocida coloquialmente como cerveza. ¿Te imaginas, estar todos los exnovatos esperando sentados en la mesa y llamar al novato organizador y que te conteste “Estamos aquí de cervecitas, ya vamos”?…esto en los antiguos tiempos universitarios no pasaba.

Como se ha podido leer, los novatos aprovechando al experiencia que la vida en Aidico les ha dado, optan por esperar a los pre-cerveceros, sentados ya en la mesa reservada. Gran sorpresa la nuestra al observar el local repleto y nuestra mesa relucía intacta entre otras dos iniciadas ya en las labores alimenticias.

Contar que el espacio reservado para la mesa incluía básicamente el área  resultante de sumar la mesa más las sillas a su alrededor, lo que limitaba la zona de movimiento a su más mínima expresión, lo cual no fue inconveniente para que nosotros, los exnovatos (y algún/a novatillo/a no cervecero/a), nos sentáramos en las sillas más externas y de mejor acceso de todas…que se note la experiencia!!. Por supuesto, el problema vendría cuando los últimos en llegar tuvieron que acceder al fondo de la mesa. Eso sí, se fomentó el roce entre los que estábamos allí sentados…y es que ya sabemos que el roce hace el cariño (ni en ‘La Casa de la Pradera’ hubo tanto cariño como allí en esos momentos).

Una vez tomado posesión de los sitios, y en total envidia con los que estaban ya pimplando cerveza en otro local, se procedió a pedir la primera jarra de la noche. Evidentemente, dio para poco entre los que ya estábamos allí reunidos, por lo que la segunda unidad (no a la mitad de precio, eso es en el Carriful) fue pedida breves minutos después. Aquí es donde la sorpresa invadió nuestro, aún sobrio, cerebro…ya que tras negociar un precio que incluía toda la bebida que nuestros estómagos pudieran albergar, dicha condición sólo empezaba en el momento en que se empezara a servir oficialmente la mesa. Es decir, que servir una mesa no significa llevar comida y/o bebida a la misma simplemente, sino que debe ser ‘un algo’ más protocolario…pero sigo sin entender qué diferencia hay entre llevar una jarra de cerveza a una mesa, y llevarla después de que se sirva la mesa…¿verdad que tú tampoco lo entiendes?…joer qué lio.

Bueno, un detalle, eso anterior, que pasó al olvido cuando por fin hicieron acto de presencia los últimos asistentes a la cena (los etílicos novatos que decidieron liberar la mente del curso al que habían asistido, dejando k.o. las neuronas implicadas en el mismo).  Momento en el cual se produjo el instante esperado de “Empezar a Servir la Mesa”. Aun así, hubo una última novata que tras unas dudas sobre su presencia, se sumó a la celebración…aunque tengo que reconocer, que al cierre de esta edición de la Crónica, no recuerdo en qué momento apareció (sólo recuerdo mirar hacia ese lado de la mesa y verla allí sentada). Bonita aparición que no tuvo nada que ver con las posteriores desapariciones de la noche.

Y por fín el momento deseado, una tras otra comenzaron a llegar las viandas…de sospechoso parecido a las que tomamos en la última cena de Aidico (la de Navidad). Evidentemente, debían ser otras ya que habían pasado ya 5 meses y no podía tener otra explicación que la de ser el mismo dueño que el otro bar (y mejor que fuera esa la explicación). Entre tapa y tapa, las jarras vacías eran sustituidas por sus réplicas llenas, a una velocidad digna de una buena reunión formada por novatos sedientos de fiesta, y exnovatos juerguista innatos (con rima y todo). Como tapas, pues destacaría la Flor de minibrochetas de pollo, las omnipresentes (y fugaces) bravas, el suculento embutido ibérico, la ensalada de pasta o los platitos de cosas fritas en formas variadas. Y como no, el toque dulce del final (no, no me refiero a ningún gesto cariñoso de alguna de las presentes) sino a la selección de postres.

Esa fase de la noche discurrió dentro de la normalidad, que no es poco, y fue con la aparición de los cafés, cortados, carajillos y demás combinados en taza, cuando empezaron a sucederse situaciones curiosas. De repente la iluminación del local se apagaba, tras las miradas sorprendidas y las cucharillas que se introducen en la taza ajena, se vislumbra a lo lejos el resplandor proveniente del fuego cumpleañero (véase “Tarta con velitas encendidas encima”)…momento enlazado con las primeras voces (gritos sería más correcto) entonando la famosa composición “Cumpleaños Feliz (tócate…la nariz)”. No sé porqué, debe haber una energía planetaria que, en estos casos, arrastra a todo el mundo presente a cantar, o cuanto menos tararear, la canción (pertenezcas o no al cumpleaños)…síntoma inequívoco de que la cerveza y la sangría están cumpliendo su cometido. Además, ocurre que si por cualquier motivo no has podido o querido cantarla, lo que no dejas pasar es el momento del grito final (“ ¡¡ eeeeeeehhhhhh !! “) mezclado con aplausos y golpes en la mesa. Todo un espectáculo musical.

Tras el encendido de luces (como en la Feria de Abril, pero con menos faroles) la situación se recondujo normalmente, salvo en las dos posteriores ocasiones en las que se repitió la sinfonía cumpleañera. Sin lugar a dudas, el motivo principal para una cena en grupo, es celebrar un cumpleaños. Y si nadie cumple años ese día, pues se celebra que lo cumpla dos días después. Este fue nuestro caso, y cómo no…nosotros (y el resto del local evidentemente) le cantaríamos el Cumpleaños Feliz a uno de nuestros novatos. Unas velas prestadas, y una tarta reciclada de la selección de postres, pusieron el detalle ‘tartístico’ para poner nuestro granito de arena al momento cumpleañero de la noche.

A estas alturas de la velada (por la cantidad de ‘velas’ que se habían encendido) es cuando empieza a molestar el mantel, en concreto lo que cuelga del mantel delante de ti. ¿Por qué pasarán los años y nos seguirá gustando arrancar trozos del mantel y hacer bolitas de papel con él? ¿será por eso por lo de que ‘todos tenemos un niño dentro’? En cualquier caso, ya sé porqué los bares hace tiempo que no ponen manteles de tela…¿te imaginas la de horas que se pasarían remendándolos?. Bueno, lo importante es que los rudimentarios proyectiles papelísticos comenzaban a volar con mayor intensidad cada vez por el espacio aéreo de la mesa. Eso sí, la gran mayoría de los objetivos se reducía a los escotes femeninos (el fenómeno Gasol genera sus influencias). Siempre me he preguntado porqué los hombres apuntan a los escotes…y las mujeres a la cabeza (la de encima de los hombros me refiero). Finalmente, la batalla suele finalizar cuando la artillería ligera es sustituida por la artillería pesada (pan, patatas, cubitos de hielo, tenedores, ceniceros, máquinas de tabaco…) momento que afortunadamente no llegó en nuestro caso.

Y es que el mundo está cambiando, las mujeres fuman más que los hombres y hay más mujeres que hombres fumando (que no es lo mismo), y otro dato que lo confirma es que ahora las colas en los baños ya no son exclusivas de las féminas. Me ocurrió a mí durante el final de la cena, acostumbrado a llegar al baño y que esté vacío, apuras el momento final y ¡¡zaas!! resulta que las chicas están bebiendo en la mesa y la puerta del baño masculino está flanqueada por dos tipos, que al igual que yo, están deseando bajarse la bragueta yyyy…yyyy…..y mear joer!! Al final, el más osado decide invadir el baño femenino…y lo que yo decía, el mundo al revés.

No podían faltar tampoco los vendedores del todo a 1 euro (que siempre vale más). Esos que no se sabe cómo, llevan cientos de artilugios colgados de sus dos manos, a cuál de ellos más escandaloso, por sonido, por luz o ambas cosas. Además se nota que van por pedidos o modas. Unas veces eran partidas de altavoces, otras partidas de mecheros musicales…esta vez tocaba “gafas luminosas”. Algo digno sólo de los estados más etílicos.

A estas alturas, gran parte de las demás mesas ya habían abandonado el local, prácticamente sólo quedábamos nosotros. Y fue en estos momentos, y cuando los cubatas ya habían hecho acto de presencia en la mesa, cuando no se sabe de dónde, unos seres con forma humana aparecieron junto a nosotros. El volumen y tono de su voz, delataba un alto índice etílico en su sangre (bastante más de la que podíamos llevar todos nosotros juntos, que ya es decir). De repente uno de ellos, el macho dominante de esa manada, decidió encaramarse a una silla…subir su estilizado cuerpo encima de ella y sujetando, con sus manos en alto, un vaso de plástico lleno de una combinación alcohólica basada en la cocacola, nos dedicó su discurso eclesiástico: “¡¡Tomaaaad y bebeeeed toooodos de él…que este ess mi cueeerpoo.!!” fueron sus primeras palabras (y tanto que es su cuerpo, tenía la silueta de un vaso y dentro, más que sangre, llevaba whisky). Tras éstas, un número no determinado aún de frases inconexas surgieron de sus gargantas, intercalándose con los tragos que daban a los cubatas sagrados. Creo que uno de los camareros estuvo a punto de llamar al 112, aunque a tenor de lo que veíamos, habría sido mejor llamar directamente al teléfono del Bioparc…y es que era una pena poder contemplar sólo nosotros a  ejemplares de esa especie.

Y entre unas cosas y otras, se hizo la hora de cerrar el local. Los camareros tenían casi tantas ganas de que nos marcháramos, como de contar la pasta que habrían recaudado esa noche. Y una vez en la calle, ¿dónde vamos?, pues fácil…al sitio donde nos invitaban a chupitos. Como nos daba “desigual” dónde ir, pues acabamos yendo allí…a Desigual. Un sitio normal, con buena música, no mucha gente, un futbolín, un DJ huyendo de las peticiones de una de nuestras novatas…y por supuesto, unos chupitos asquerosos!!. Ya el color tan extraño lo hacía suponer, pero en el momento de bebértelo y el gustillo que te dejaba después, te hacían entender porqué los regalaban sólo con entrar (se rumoreaba que eran de Tequila, pero eso está aún por confirmar). Yo esperaba ver cómo nos poníamos fluorescentes en cualquier momento, como los palitos esos que venden los negros en las cenas y que se inclinan para iluminarse. Por suerte, todos seguimos de nuestro color y derechos, bueno, salvo algunos casos puntuales que se acabaron doblados.

A todo esto, en el trayecto entre el bar de la cena, y el local de copas posterior, ya se había producido la primera desaparición. Algún fenómeno, cuanto menos extraño, había debido ocurrir para que alguien con la experiencia de un exnovato, y la capacidad de fiesta que se le conoce, pudiera desaparecer sin dejar rastro. Sin duda, se está investigando una posible abducción interplanetaria.

Volviendo a la vida en la Tierra, hay que destacar que en este sitio no faltó de nada, música disco, música bailonga, salsa, Bisbal, rock…sólo faltó el ChikiChiki (afortunadamente claro). En estos momentos, los destellos del flash de la cámara de fotos se sucedían uno detrás de otro, lo que quería decir que probablemente, el lunes aparecerían en “R” imágenes nunca vistas de los asistentes a la cena. Y así ha sido, aunque hay que confesar que, o se han filtrado las más comprometedoras, o el objetivo indiscreto no captó toda la esencia de la fiesta (tenéis 2 minutos para pensar lo que queráis).

Dos………….uno…………..ya!!

No éramos un grupo estándar, algo nos diferenciaba del resto. Durante unos momentos, se podía ver a diversos asistentes a la cena, con un modelo de sombrero chino en al cabeza. ¿Sombrero chino?…no no, en realidad era una bandeja de pan que, cual perrillo abandonado, se vino detrás de nosotros supongo que agobiada por su vida monótona en el bar de la cena. Y digo que no somos estándar porque la gente nos llega a conocer por donde vamos, ya que se procedió a utilizar la susodicha bandeja a modo de recipiente para pedir limosna, y así se hizo. La novata que decidió dicha utilidad, consiguió la impensable cantidad de 1 euro a modo de limosna. Y es que claro, alguien ve a un grupo de gente pidiendo dinero para un cubatilla de garrafón…y automáticamente piensan “ayyy pobres, dales algo que seguro que son de Aidico”

Pero el extraño encuentro anterior con el “más allá” (la abducción del primer exnovato) no vendría sólo. Una hora y media después de tan misteriosa circunstancia, otro de los presentes desaparecía sin poder ser ayudado. Esta vez un novato era el objetivo alcanzado por tan misteriosos seres. Sólo el estado ebrio de los asistentes a la fiesta, les hacía no medir la importancia de tales desapariciones. Nadie quería dejar de bailar y beber, que aunque empiecen por “b” no tienen nada que ver (que empieza por “v”). Bailar deprisa, despacio, en la butaca o saliendo del baño…incluso pasando por debajo de un improvisado palo de brazos. Todo estaba permitido…bueno, casi todo. En medio de uno de los bailes, aparecieron (menos mal que no todo son desapariciones) una exnovata y un exnovatos nuevos, que no había cenado con nosotros, pero que se integraron rápidamente en la vorágine juerguista. Cada uno aportó al grupo un compañero, que recuperó con creces el número de miembros del grupo (eran hombres claro).

Los bailes se sucedieron hasta que de la profundidad de una garganta (vaya, ha sonado a cierta película muy conocida) surgió la propuesta de cambiar de local. Y se aceptó de inmediato. Todos nos encaminamos hacia la calle. Allí, y tras hacer un balance de los asistentes que aún quedábamos en activo, se produjo el primer momento de indecisión. Momento clave donde los haya durante una cena de grupo. Es el punto de inflexión en donde, o se acaba de repente la fiesta, o se sigue ya hasta altas horas de la madrugada. Todo depende de las ganas y de las intenciones de los participantes (que no suelen ser las mismas nunca). Y en nuestro caso, alentados por una de las novatas más animadas de la noche, se decidió apostar por la continuidad de la fiesta. Empezamos a andar, sin ‘rumbo’ fijo, pero esto precisamente sería lo que al final marcaría el siguiente local elegido para continuar.

Pero cuando parecíamos de nuevo otro grupo cohesionado, algo indisoluble como los M&Ms en la mano, vuelve a ocurrir. Nueva desaparición sin previo aviso. Esta vez, dos fueron los elegidos. Eehhhh, que nadie piense mal, pero es que ¿a quién se le ocurre mezclar un Spidifen con el alcohol?.

Y el resto seguimos andando…unos detrás de otros, en armoniosa procesión. Otro momento de incertidumbre llegaba en ese momento. Estaba claro que no tocaba coger coches (el riesgo a soplar y desintegrar el aparatito de la Policía era demasiado elevado). Otra opción eran los taxis para ir a la playa, pero ya era demasiado tarde, y ya habían habido demasiadas abducciones por esa noche. Todo fue confuso por unos instantes. Sólo la decisión de dos novatas pudo ayudar a poder decidirlo: Y por fin encontramos el camiiiinooo….que ha de guiaar nuestros pasooos (nuestra cena ya la visualizaron los Héroes del Silecio hace años). Habíamos comenzado a andar sin ‘rumbo’ y ahí debíamos acabar…¡¡en Rumbo!!. El problema era la entrada. Es increíble como a personas tan entrañables y animosas como nosotros no se nos deje entrar gratis a estos sitios llenos de gente aburrida. Pero no nos lo tomamos a mal, y decidimos averiguar el coste de tal decisión. Para ello una de las novatas se dispuso a negociar con el armario de la puerta, que por suerte estaba en modo de voz activada. Reproducimos la conversación captada por un radioaficionado cercano al lugar:
Novata: Hola, ¿cuánto cuesta la entrada?
Armario: 12 euros
Novata: ¿Y si entramos un grupo? (señalándonos a nosotros)
Armario: ¿Cuántos sois?
Novata: 7
Armario: pues, 12 x 7 (evidentemente, calcularlo ya se salía de sus posibilidades)

Eso no nos desanimó, y en un arrebato de decisión (y ayudados por los suaves empujones de la novata instigadora) fuimos entrando como ovejas a esquilar al local en cuestión. Todos teníamos ganas de seguir, pero ninguno de pagar (recordemos que somos de Aidico…ayyyyy, pobres animalitos!!).

Una vez dentro, y guiados por el fino sentido de la orientación de una de las novatas instigadoras, conseguimos llegar a una zona despejada (evidentemente en la barra claro). Allí procedimos a amortizar los 12 euros que inteligentemente nos calculó el Armario, por ir en grupo de 7 claro, con lo que sería ya la última aportación etílica a esa noche de despiporre.

Aquí la música se centraba más en ciertos estilos más tecnológicos, lo cuál ayudó a mantener constante el ritmo de movimiento de unos cuerpos machacados por el trabajo matutino, y que no dejaban de bailar por nada del mundo. Tras apurar cada uno su copa, una de las novatas (y que conforme pasan los días lo es menos) lanzó la propuesta de adentrarse en el inhóspito mundo de la pista centrar (y la única que había, pero queda bien decirlo). Propuesta secundada por todo el grupo. Y allí, en medio de lo que estaba siendo los últimos coletazos del grupo, se produjo el último fenómeno paranormal de la noche, uno de los novatos desaparecido en algún momento de la velada, volvía a aparecer como si, para él, no hubiera pasado el tiempo, de hecho es que se recuerda haberlo visto por última vez con un cubata en la mano, y se sospecha era el mismo que portaba durante su reencuentro con el mundo terrenal. La alegría del grupo por el reencuentro pudo durar unos cuantos minutos más, hasta que se acercó la hora de finalización. Cuando las 6 onaban en el reloj de la Puerta del Sol, el grupo decidió no tentar a la suerte, y desaparecer todos juntos…confundiéndose entre la gente…saliendo por la puerta, y deshaciendo los pasos que nos habían llevado allí.

Unos metros más adelante, mi camino se separó del resto…mi nave nodriza se situaba en dirección opuesta a la que habían cogido los demás. Pude despedirme de los que a la cola del grupo andaban junto a mi. Y de los demás, sólo me quedaba un sencillo adiós al viento.

Toda una noche digna de repetir…y desde aquí animo a que así sea, sin esperar a una nueva remesa de novatos, porque como se habrá podido observar, la fiesta se lleva dentro, y sólo falta encontrar con quien compartirla.

Ha sido un placer poder escribir esta Crónica compartiendo esa noche juntos…y ya sólo me queda decir…

¡¡ HASTA LA PRÓXIMA !!

Antuan

2 - Junio - 2008 Publicado por Antuan | Reflexiones | , , , , | Aún no hay comentarios