TENÍA TANTO QUE DARTE…EN LA COMIDA DE NAVIDAD
Y se consumó la Comida, y la Post-Comida navideña. Después de un año en el que se suponía habría una continuación en la tipología del evento navideño por excelencia de la empresa, y que tanta aceptación tuvo por parte de los asistentes, se nos sorprendió con un giro de 180º (joer qué calor eh) en tal decisión; aunque más bien fue una vuelta a las tradiciones, a la tradicional comida de empresa en la que los miembros, y miembras, de la plantilla se desplazan a un restaurante con el fin de compartir unos momentos distendidos, diferentes a los que se comparten durante el resto del año, y alrededor de unas viandas y emulsiones etílicas que hacen del evento el momento ideal para dialogar, incluso bromear y reírse, con aquéllos compañeros/as con los que, quizá, no has intercambiado palabra en todo el año (claro, desde la anterior comida navideña).
Algo que preocupaba a un importante sector de la plantilla era por tanto, la eliminación de la fiesta posterior en el programa de la comida. Pero eso es algo que veremos después. Porque el tema de este relato se puede dividir en dos partes “Comida” y “PostComida” (algo como el famoso “Pucio” y “Postpucio” pero en versión gastronómicojolgórica…chúpate esa con la palabra).
De la Comida no es que se pueda hablar gran cosa. A las dos y media de la tarde aproximadamente, todo el mundo se dispuso a ir al Restaurante, que esta vez se llamaba “La Vaca Paca”…uy perdón, “La Vaca Argentina” y que, como todos sabíamos de antemano, se trataba de un asador de carne (carne que no sabemos si vendría desde Argentina, pero que sí parecía ser de vaca…y desde luego, buenísima). El tener la reserva con antelación, permitió a los asistentes elegir entre dos tipos de plato: carne o pescado (evidentemente, los/as viciosillos/as que acostumbran a elegir las dos cosas no tenían cabida en esta reunión). De ahí que se dejaran varios días para que cada uno, en compañía de su almohada y demás complementos de cama, pudieran determinar su elección. Y claro, tú oyes hablar de asador de carne, y si te dejas llevar por los tópicos, piensas que la elección lógica e inteligente es esa…la carne. Pues no!, hay gente que no se deja llevar por los tópicos ni por los típicos comentarios lógicos…y son los/as que, en estos casos, eligen pescado. Yo supongo que si es raro que la carne la traigan de Argentina, también es raro que el pescado lo traigan de Finlandia (entre otras cosas porque no era salmón). En cualquier caso, luego veremos que la elección del pescado no fue tan descabellada como otros pensaron en su momento.
Volviendo al cronograma temporal, el trayecto hasta “el susodicho asador” duró poco tiempo, teniendo en cuenta que está a poco más del final de la calle donde se encontraba la línea de salida. Aun así, hubieron varios medio de transporte elegidos…hubo quien se fue en el coche propio…en el coche de un compañero/a…en la bicicleta…o, como la mayoría, en el Coche de San Fernando (unos pasitos a pie, y otros andando), incluidos los integrantes del microbús noveldense, que recorrieron, como año tras año, cientos de kilómetros para asistir a tan entrañable reunión anual, que no me digas si no es para que les entre complejo de Reyes Magos persiguiendo la Estrella de Oriente. Y hablando de eso, por suerte este año los disfraces no se incluían en la indumentaria de la comida. Yo seré un clásico, pero eso lo veo más de la Comida de Carnaval que de la Comida de Navidad, cuyo gorrito de Papá Noel, o en el peor de los casos, los cuernos renales (que no de riñón, sino de los renos) son un complemento estético más que suficiente para esta celebración…Y ahí está la nueva idea lanzada al ciberespacio (la de la Comida de Carnaval). Ahora si alguien quiere, que la ponga en marcha
Poco a poco fuimos llegando todos. Yo, ignorante de mi, no sabía que el restaurante fuera tan amplio en espacio como lo era realmente, y pensaba que una plantilla de 160 personas era más que suficiente para llenar el local. Sin embargo, nada más lejos de la realidad que eso, ya que alguna que otra comida de empresa, y alguna que otra mesa esporádica, nos acompañaron en tan entrañable celebración. Como es normal, conforme íbamos llegando, la gente se iba situando en diferentes mesas. Sin embargo, aquí vino el primer suspiro recordando la comida del año anterior: por exigencias del arquitecto que diseñó el restaurante, las mesas tenían una capacidad limitada, y la sala en la que se situaban también, por lo que la consecuencia fue que la mitad de los asistentes, no veían a la otra mitad. Y si contamos con los que se daban la espalda, resulta que matemáticamente, cada uno sólo podía ver a la cuarta parte de la plantilla (que al final no llegó ni a eso), número muy bajo respecto a la misma cifra del año pasado. Y aunque eso pudiera dar igual mientras estás comiendo, se convierte en un factor a considerar si entre plato y plato pasan los minutos tan lentos como cuando tienes que entrar urgentemente al baño, ocupado (según la Ley de Murphy claro), y estás en la parte de la puerta que no toca. Y este fue el caso…seguramente por la falta de previsión en la plantilla de camareros, el tiempo entre un plato y el siguiente dio lugar a agotar todos los temas de conversación que se suelen sacar en estas comidas…más aún, teniendo en cuenta que acabamos todos sentándonos con los mismo con los que estamos el resto del año, y claro, nos tenemos tan vistos que acabamos por darle al tintorro y al pedazo de pan del platito de tu derecha (aunque realmente el tuyo es el de la izquierda)…que son las únicas cosas que podemos comer, y así pasa, que para cuando nos llega la comida en la mesa no hay temas de conversación, pero eso sí, una de risas flojas que no hay quien las pare. De hecho es que te hace gracia hasta que lleves minutos y minutos sin probar nada sólido…o como ocurrió en mi mesa, que las carcajadas no pudieron contenerse al ver cómo un camarero sirve el trozo de carne en el plato de una de las comensales y, casi sin que le diera tiempo ni a trincharlo (y eso que fue rápida, por el apetito que ya arrastraba) el propio camarero se lo volvió a arrebatar del plato para desasosiego e incredulidad de la comensal, y alboroto e incertidumbre del resto de la mesa. Sólo unas gotitas del jugo vacuno ocupaban el plato recordando a la desafortunada compañera que había tenido a tiro un suculento trozo de carne asada…menudo momento, os lo aseguro!. El motivo de tal regate alimentario fue que el destino de esos trozos de carne no eran esa mesa sino la de la otra punta de la sala. Lástima no haber podido inmortalizar en foto la cara de “la comensal engañada”…era todo un poema. Para entonces, los que pidieron pescado ya habían hecho todas las combinaciones posibles con las espinas que les quedaron después de degustar dicho plato…¿entiendes porqué dije al principio que luego se vería que no era tan mala elección como se creía en un principio? En este mundo, se acaba premiando lo que se sale de lo esperado.
Como lance de la comida, digno también de mención, está la entrega de trofeos a los ganadores de las distintas pruebas de los Juegos Olímpicos de Aidico, en su convocatoria de Invierno. Mucha fue la expectación que tuvo la propuesta de celebrar una liguilla interna de juegos y demás competiciones, en la que distintos equipos sacados de entre la plantilla, lucharían por ganar los primeros puestos de cada prueba. Sin duda fue una competición curiosa, ya que para obtener premios, los propios participantes tenían que pagarlos…pero merecía la pena por darle más glamour al momento de la entrega. Y así fue, no faltó el glamour de la organización entregando los trofeos, ni la de “la megafonía” anunciándolos…es más, incluso la entrega también la realizó la propia megafonía…con besos incluidos (lo que sea por mantener el glamour) y como los besos son símbolo de amistad y cariño…pues ale, a cultivarlos entre los participantes (y qué mas da si coincide el sexo de los que lo cultivan no?)
Por cierto, hay que recordar que hubo medallas para todos los participantes, detalle que agradecieron especialmente los que no acabaron en los primeros puestos de ninguna competición, cosa bastante fácil ya que los primeros puestos tampoco es que estuvieran muy repartidos que digamos. Esto es como si en la Lotería de Navidad anunciaran que el 1er. Premio, el 2º y el 3º han caído en Almendralejo…pues como que le quita emoción no?
Después de esos momentos tan intensos y emocionantes, vendría el postre (inmensa porción de bizcocho de chocolate relleno de nueces al que se le suele llamar “brouni”…no sé si porque le gusta a la famosa Carla Brouni…la del presidente francés)…y acompañado de una bola de helado de vainilla…o eso creo por el color, porque tampoco llegué a descifrar su sabor. Y cómo no, el cava y el platito con los dulces navideños…aunque a esas altura de la tarde, estábamos tantas horas ya sentados, que no todo el mundo pudo permanecer en su silla para poder degustarlos.
A partir de este momento es cuando se empezó a gestar lo que llevábamos días intentando planificar…la PostComida. Todo empezó semanas antes a la celebración en la típica conversación de pasillo, cuando uno de los que se cruzan dice “bueno, y después de la comida habrá que hacer algo no?”…uy, ¿qué has dicho?!!…eso es suficiente para que las mentes más animadas de la plantilla empiecen a improvisar ideas y propuestas orientadas a encaminar a los menos animados (o con menos ideas) a continuar la celebración de forma ordenada y global. Y fue entonces cuando me propusieron hacer un comunicado colectivo haciendo apología de la democracia y, por tanto, alentando a la participación en la decisión de la fiesta posterior.
En ese momento, lo más rápido y fácil era iniciar el típico “cutre-chat” de correo en el que se envía un primer email masivo y a partir de ahí se suceden numerosas respuestas…respuestas a las respuestas….respuestas a la respuestas de las respuestas….bueno, y así hasta un número indeterminado de correos. Pero era el momento de modernizarse y llegar más allá (no digo ir al Laboratorio del Fuego…eso sería “al más allá”) sino utilizar las nuevas tendencias en comunicación colectiva…y creé un post en el Boletín (que no llega a ser Blog) del Chiste del Viernes.
Tengo que confesar que en parte lo decidí a modo de experimento. Tenía curiosidad por la aceptación de estos nuevos conceptos comunicativos entre la plantilla, eminentemente técnica, que me rodea. Y como dato revelador diré que tras unas cuantas horas se habían recibido ya 72 visitas, de las cuáles sólo 1 había dejado comentario (que en este caso, se animaba a que fuera la forma de intervenir en la democratización del proceso de elección de la PostComida). Por si el que está leyendo esto no se acercó por el Boletín, le diré que en el comentario se proponía ir a tirarse por las rampas del Gulliver, no sé si antes, después…o durante el botellón que haría falta para que esa propuesta cuajara, porque ¿os podéis imaginar a treinta personas, y demás seres vivientes, tomando al asalto el Gulliver y tirándonos por sus rampas?…Al día siguiente habríamos ocupado la portada de España Directo fijo. Sin embargo, el romper el hielo de esa forma tan original y divertidamente propia de su autora, hizo que los comentarios se multiplicaran hasta alcanzar la increíble cifra de 8 personas (de 130 posibles visitantes)… y no fue por falta de visitas, ya que en total sumaron 180 en dos días. Eso sí, algunas pusieron más de un comentario, y otras incluso pusieron el suyo en horas intempestivas (ayss…si no fuera por ellos/as). Sin embargo, y aunque no una participación muy numerosa, fue ahí donde se puso el granito de arena de lo que sería la alternativa tomada finalmente….el KARAOKE.
Una vez finalizada la Comida, se produjeron las primeras, y también esperadas, bajas en los asistentes. Iban cayendo como moscas, pero al menos la idea del Karaoke parecía ganar a la alternativa propuesta por algún/a desconocido/a consistente en invadir la zona de juegos del centro comercial cercano y, a modo de moviola, repetir algunas de las competiciones que formaron parte de los, ya finalizados, Juegos Olímpicos de Aidico. Sin embargo, la entrega de medallas, y la concentración excesiva de pruebas en poco tiempo, hizo desestimar la propuesta en favor de cultivar otras artes como eran las escénicas (véase cantar, o al menos intentarlo).
Una vez decidido, los “triunfitos” de Aidiki se dispusieron a acudir raudos y veloces al karaoke de la Avda. Aragón en donde habíamos quedado. Hay que tener en cuenta que los que optamos por el Coche de San Fernando, tuvimos que volverlo a coger, para regresar al punto de salida en donde teníamos nuestro coche de verdad. De ahí el goteo de asistentes festeros, que fue congregándonos a todos alrededor de un karaoke que, por cierto, no pudimos estrenar ya que se nos adelantó otra empresa que, con cuernecitos y borrachos/as incluidos, copó las peticiones y que impidió al mundo disfrutar de esos momentos sonoros que no habrían dejado impasibles a ninguno (quizá algún día el mundo se de cuenta de lo que se perdió aquella noche).
Por tanto, y tras varias rondas alcohólicas en el No-Karaoke, se optó por tomar una solución que sacara del aburrimiento a un grupo de animados asistentes deseosos de divertirse, y que apuraban rápidamente las ganas de fiesta escuchando cómo otros/as destrozaban sus gargantas, y nuestros oidos, alrededor de un micrófono. Y la alternativa no pudo ser más acertada…¿para qué ir lejos?¿para qué buscar lugares recónditos?…la diversión estaba en el local de al lado…y allí que nos encaminamos. Sitio casi vacío (que para un grupo como el nuestro resultaba una ventaja), con buena música (que nos permitía bailar y bailar….y bailar también) y con bebida más barata que en el anterior garito (que nos permitía beber y beber…y beber también).
Rápidamente invadimos la minipista de baile. Todos se movían, unos arriba…otros abajo…a la izquierda o a la derecha!… pierna!!…y uno!!… y dos!!… y tres!!… y cuatro!!… pierna!!… pierna!!…….bueno, dejemos ya el aerobic y sigamos con la noche que discurría entre risas y fotos. Seguramente todos hemos experimentado esa sensación de que te enfoquen con una cámara en medio de una fiesta, que tú pongas el careto más extraño que puedan formar los miles de músculos que lo forman…y que cuando la veas en R te arrepientas de haberte pedido aquel cubata de más. Pero ahí está la gracia de estos momentos. Para fotos serias ya están las de los catálogos, o las de la Comida incluso. ¡Viva la espontaneidad!
Y mientras las canciones se sucedían, los bailes se reproducían (que este año es lo único que se debe reproducir en Aidiki) y algún que otro cubata aterrizaba en el suelo de forma violenta aunque accidental…Y de repente, y sin que nadie pudiera adivinarlo, unas notas musicales suenan en el local…una voz femenina comienza a recitar una conocida melodía… “Promeeeeto guardaaaarte en el fondo de mi coraaaazón…Promeeeeto acordarme sieeeempre de aquel raaaaro diciembreeee…” y algo se apoderó de nosotros, un sentimiento de empatía nos invadió a todos y como en el éxtasis final del castillo de la Nit de Foc, nuestras gargantas y cuerpos se unieron en una coreografía sencilla pero intensa…había llegado sin saberlo el momento estelar de la noche… “¡¡Tenííííía taaaaanto que daaaarte, tantas coooosas que contaaaarte…teniiaaa tanto amoooor, guardaaaado para tiiiii…!!”…había surgido el Himno de Aidiki. ¿No me digas que no te sentías más cerca de los que compartían la canción contigo? (a parte de por lo apretados que estábamos todos claro). Sencillamente, fue emocionante. ¿Qué tendrá la música que puede unir a la gente de esa forma?…sí sí, el alcohol hace su papel…pero te aseguro que no es suficiente. A estas alturas seguro que te has dado cuenta que la música apasiona . Bueno, y tras esta canción vinieron otras. El tiempo pasaba y el estómago de algunos de los asistentes encendía la luz de “reserva”. Esto hizo que se activaran las alarmas colectivas, y se produjera la movilización que nos llevara a un local de avituallamiento. Opción no compartida por todos, ya que en algunos casos la reserva se había encendido pero por déficit etílico, por lo que el grupo se disgregó, temporalmente eso sí, para comer o beber.
El grupo del resopón empezó por inclinarse (en algunos casos de forma literal, etílicamente hablando) hacia una famosa cadena de comida rápida que traducida se podría llamar algo así como el rey del burro (o ‘burrikín’ en la lengua original), aunque se desestimó de forma espontánea y se cambió por una voz que propuso acudir a una sidrería (supongo que por lo de las fechas navideñas…la sidra…el brindis…ya sabes, todo acaba por estar relacionado). Y para allá que nos encaminamos. Todos esperábamos encontrar la famosa sidrería que, dicho sea de paso, no sabíamos exactamente dónde se encontraba…aunque gracias a eso pudimos observar la gasolinera cercana en todas sus vistas…Pero claro, el estómago no entiende de GPSs, ni de orientaciones espaciales (aunque de las sexuales a veces sí)…y había que entrar en algún sitio. Y allí que paramos, en un libanés. Si desestimamos el ‘burrikin’, al final acabamos en su primo hermano, el’ beirukin’.
Tras una entrada triunfal en el pequeño local, que casi llenamos solo con nuestra presencia, nos dispusimos a acoplarnos alrededor de lo que sería nuestra mesa de resopón (porque no era hora ni de merienda, ni de cena ni de desayuno). Era la primera vez que un servidor entraba en un sitio así. Realmente no era consciente de cómo sabía esa comida, ni de qué ingredientes estaba compuesta, pero había que decidir cuál de las variadas opciones deseábamos comer. Nombres tan extraños como Falafer o Wampahu aparecían en la carta, motivo por el cual se optó por elegir según la numeración (que por cierto, el triunfador del resopón fue sin duda, y por una aplastante mayoría, el nº 23…al final no les quedaban ‘predictors’). Bueno, pues al final resultó que esos nombres extraños y en cierto modo graciosos, escondían tras de sí un burrito mexicano relleno de carne y lechuga con salsa y especias (aquí está la clave de su parentesco con ‘burrikín’…burrito burrikin). Pero un grupo tan ameno como nosotros, no podía entrar a un local así e irse sin más que consumir y pagar. Fue el momento ideal para “Los juegos de Jul”. Esto que suena a best-seller de intriga, en realidad eran unas actividades de nivel ‘junior’ que propuso una de las asistentes. Juegos que al principio parecía iban a conquistar nuestras mentes, pero que la poca seriedad que nos asomaba a esas horas de la noche, impidieron llevar a cabo el juego de acuerdo con las reglas de la instigadora que, por cierto, decidió “llevarse el Scatergoris” y acabar con esa profanación de dichas normas (si es que al final la deformación profesional hace estragos). Eso sí, tengo que reconocer que años atrás, yo presencié una sesión de ese mismo juego, y reconozco que puede hacerte reír un buen rato, especialmente si se acompaña de unas cuantas cervezas a media tarde.
Y en estos momentos se acercaba un momento de inflexión. Era ya tarde, llevábamos muchas horas en pie y acabábamos de llenar el estómago…o nos movíamos o podríamos perecer en los brazos de Morfeo. Y nos dispusimos a continuar. Sabia decisión que permitió recoger al grupo de la bebida y reunificar el grueso del pelotón para poder asaltar el siguiente garito que, sin premeditación ni alevosía fue el que publicitaba en su puerta el atrayente mensaje de “2×8” que aunque parezca una fácil operación matemática (aunque a esas horas, no tan fácil), realmente quería transmitir una oferta en el precio de las copas, y es que la crisis llega a todos los sitios. Y tras unos momentos de indecisión, procedimos a instalarnos. En unos segundos ya estábamos todos sin chaquetas, bailando y con el 2×8 en la mano. Las canciones se sucedían, los bailes también…y llegó el momento…la energía volvió a surgir…volvimos a ser abducidos por la letra de una canción…“Promeeeeto guardaaaarte en el fondo de mi coraaaazón…Promeeeeto acordarme sieeeempre de aquel raaaaro diciembreeee…” y el éxtasis nos acabó de unir ““¡¡Tenííííía taaaaanto que daaaarte, tantas coooosas que contaaaarte…teniiaaa tanto amoooor, guardaaaado para tiiiii…!!”. Momentazo que contó con la sorpresa del resto de personas que ocupaban el local, y que contagió a las camareras que habían permanecido impasibles tras la barra hasta ese momento. Y es que ¡¡Aidiki arrasaaaa!!.
Unas canciones después, se decidió cambiar de local. Mucho tiempo ya con el reprís a tope, y hacía falta algo más de fuerza para aguantar. Última parada: Gasoil (póngame 20 euros por favor). Sitio ideal para los diesel como nosotros que aguantamos hasta el final, sin bajar ni un ápice la energía y diversión de la reunión. Nosotros que superamos todas las bajas que se van produciendo a lo largo de la noche y que como un chirriar de máquina registradora al abrir el cajón, suenan en nuestros oídos cada vez que alguien abandona el grupo. Y allí estábamos…los de siempre…los que suben la media de empresa festera…los que se apuntan a un bombardeo…los que lideran la I+D de las baterías alcalinas…los que pusieron comentarios en el Boletín de la PostComida…como diría un científico, el núcleo del Universo. Pero todo tiene su momento, y tras escuchar diversas canciones, cada vez más parecidas al chimpum-chimpum, las bajas se fueron sucediendo de forma acelerada. Estaba claro que la comida de Navidad estaba a punto de disolverse…y claro, analizando el día, llevábamos 12 horas sin parar…12 horas disfrutando de buena compañía…12 horas viviendo momentos inolvidables…12 horas con Aidiki de fiesta…Y es que ya sabes, tenía tanto que darte…en la Comida de Navidad
¡¡ ARRIBA AIDIKI … SOMOS LOS MEJORES … QUE NUNCA SE OS OLVIDE…QUE NUNCA SE NOS OLVIDE !!
FELIZ NAVIDAD Y QUE EL NUEVO 2009 NOS LLEGUE CARGADO DE MOMENTOS COMO EL QUE VIVIMOS ESTE PASADO VIERNES
Besitos y abrazos para todos/as
Antuan.