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Por fin ha llegado el findeeeee!!

SÉ LO QUE HICISTE EN LA ÚLTIMA CENA DE VERANO

Había pasado un mes y medio desde la innovadora “Cena de Novatos”, y 5 meses más aún desde la última cena de Navidad, y la respuesta de los aidikitos y aidikitas llegó al nivel que se esperaba (ni fue a más…ni a menos).

Aunque un servidor (es decir, yo…no el ordenador de R) se enteró de la organización de esta cena un poco más tarde que los demás (problemas extraños con las nuevas tecnologías), no dudé un instante en apuntarme a dicho evento en cuanto las ninfas del ciberespacio transportaron hasta mi pantalla el aviso del evento. Y es que no se puede pasar por alto el trabajo que cuesta mover a tanta gente, y encima moverlos en la misma dirección y con el mismo destino. De ahí que los correos estén viajando por nuestros buzones desde unas semanas antes de la fecha seleccionada.

Para quien lee los correos que le llegan, es emocionante ver la evolución de la lista de apuntados. Los correos se suceden con los últimos partes que emite la Organización. Correo con un listado de 12 apuntados (los mismos 12 primeros de todas las cenas)…correo con 24…correo con 20 (coño!, se han borrado 4, esperemos que no cunda el pánico y hayan otros abandonos en cadena) …correo con 28…correo con 35…juer, si parece la cotización del Ibex35. Y al final de la sesión, el valor “Aidikitos/as apuntados a la cena” cierra con un índice de…¡¡46!!. Ahí es nada. Y eso contando con las ausencias de última hora. Vamos que, en líneas generales, Aidico se puede considerar como una empresa festera :) .

Como se suele decir, el hombre (como especie, no como sexo masculino) es un animal de costumbres (luego viene que hay hombres con más costumbres que otros, y hombres más animales que otros también…pero eso es otro tema). Y qué mejor costumbre que volver a visitar a nuestros amigos de “La Lobera”…gente amable, local con “terraza” al aire libre, menú barato, cerveza fresca, sangría cargadita, camareras con piercings en la cara…no se echa en falta nada. Eso sí, esta vez, la emoción de la incógnita de saber qué comida nos iban a servir, fue sustituida por los preliminares (uy cómo suena eso) de la cena  (aaahhh, vale) ya que ésta se vió positivamente aderezada con un revolucionario PPPP, que no es ningún tartamudo nombrando a un partido político, sino que se trataba de un “Plan Postcena Pre-Planificado”. Esto, que ha podido sonar a normativa de Seguridad, no se trataba más que de decidir el local de ocio que sería el afortunado con nuestra presencia, una vez que nuestros estómagos se llenaran de sabrosas viandas y deliciosos elixires de fuego (o sea, alcohol).

Las opciones que ofrecía el PPPP no eran muchas…o sea, una (las Ánimas), pero era la que mejores condiciones reunía teniendo en cuenta la época del año (verano) y el emplazamiento (dentro de la ciudad). Si con una opción, sólo votaron a favor la mitad de los apuntados, no quiero ni pensar el resultado de la consulta si hubieran habido 7 propuestas. Un aplauso para la organización por ese motivo. Además, ¿dónde podría ir una empresa tan anima-da como la nuestra?…pues a las Ánimas :) .

El día se va acercando. Todos van leyendo los nombres de los apuntados, y de los que se desapuntan, intentando hacer una simulación mental de cómo nos lo podríamos pasar con la gente que va (y no digas que no, que lo hacemos todos). Y entre unas cosas y otras, la jornada laboral del viernes se acaba y todos nos vamos a casita a prepararnos para la gran cita de La Lobera (que no es un local lleno de lobas….por desgracia para los hombres, y seguro algunas mujeres). Como tarea principal para los hombres: no olvidar cambiarse de ropa interior (especialmente los que lo hicieron por última vez en la anterior cena de Aidiki a la que asistieron), y como tarea principal, y doble, de las mujeres: encontrar la ropa que mejor les quede (cruzando los dedos para que ninguna lo lleve también) y poder embutir todos los objetos que pueden hacerles falta durante la noche, en los diminutos bolsos que se llevan de marcha. Tareas nada fáciles, por cierto.

Y se hacen las 22:00. Es el día D, hora H. Todos camino del lugar de reunión. Unos llegan por el norte, otros por el sur….unos andando, otros en coche o en autobús (¿no me digas que no quedaría bien esto como letra de canción?…Cualquier día escribo el Himno de las Cenas de Aidiki…así lo podríamos cantar todos alrededor de la mesa justo antes de comenzar la cena).

De entre las alternativas posibles, el que suscribe esto llegó en su coche. Lo aparcó, como se suele decir “a hacer puñetas” (es lo que tiene querer aparcarlo bien) y se encaminó tranquilamente hacia el lugar de reunión, con paso tranquilo pero firme…sabiendo que había una larga noche por delante. Por el camino, cuán grande fue su sorpresa que se topó (sólo de forma figurada lo de toparse) con otros comensales que, sin ánimo de querer aparcar muy lejos, se disponían a emplazar el coche de la aidikita que lo conducía (muy bien!, acabas de deducir que era una mujer la que no quería aparcar lejos), a escasos metros del lugar de destino. Tras las indicaciones (sólo le faltaba la gorrilla de portero del Hilton) de otra aidikita que la acompañaba, el coche quedó en “delicada posición”, teniendo en cuenta que ¼ de la superficie del coche reposaba sobre una bonita combinación de líneas de color amarillo, pintadas en el suelo y sin forma definida…aaaa..aaaa niii color, fue aaaiiiireeeee eeeee eeee voooooladooooor (con la voz de Ana Torroja suena mejor, lo reconozco). En cualquier caso, las líneas amarillas eran la salida de un garaje, y como no se ocupaban en su totalidad, dedujimos que la multa sería proporcional a la superficie del coche en lugar prohibido…conclusión, ¡¡ el coche ahí se queda !!

Poco a poco nos vamos acercando al punto de reunión. Nuestros ojos empiezan a hacer un barrido por la zona, buscando caras conocidas…gente que acababas de ver hacía 7 horas, pero que se agradecía ver en otro ambiente y situación…y con ropa decente, porque hay que reconocer que la bata no es un atuendo que favorezca mucho (es de agradecer que no se hayan comprado batas de verano…con manga corta, ya serían la bomba).

En este instante comienzan los saludos. Es curioso como hemos dejado el chip del trabajo en Aidico, y nos miramos ya como juerguistas. Todo son risas, palmadas, besos (bueno, todo besos no…tampoco hay que exagerar). Ahora es cuando los más madrugadores llevan ya una, o varias, cervezas en la sangre, y los que llegamos en esos momentos, llevamos las ganas de recuperar el tiempo perdido.

Tras unos instantes colapsando la acera, y dejando pasar a los transeúntes de uno en uno, y con examen visual incluido (momento Filtro AntiSpam)…los primeros en elegir silla, provocan una reacción en cadena, que se propaga a grandes velocidades y hace que en breves segundos, no sólo estemos todos sentados (por aquello de “maricón el último”) sino que a modo de Juego de las Sillas, haya gente que deba mantenerse de pie a falta de un lugar donde aposentar su trasero (aunque Camilo José Cela prefería llamarlo directamente “culo”). Pero ya dijimos al principio del relato que en La Lobera no hay lobas, pero la gente es amable (a parte de tener cerveza fría) y en unos segundos, había puesta una mesa adicional para los que se quedaron sin silla.

A estas alturas ya estamos sentados todos, y bien sentados, porque estaba tan aprovechada la acera, que las sillas estaban literalmente pegadas una a otra, vamos, que para entrar a la mesa tenías que sacar la silla para atrás, sentarte…y autopropulsarte como si estuvieras en una carrera de sillas de oficina. Ya se sabe que “el roce hace el cariño”, y desde luego de allí salimos todos para contratar el viaje de novios con nuestro compañero/a de cada lado. Aun así, fue curioso poder tomarse unos segundos para echarle un vistazo general a la mesa, y es que al ser tanta gente, era más larga que un día sin pan. Yo estaba en medio (como los jueves)… miraba a la derecha y mucha gente….miraba a la izquierda y mucha gente…miraba al frente y mucha gente (todos pasaban con sus coches por Blasco Ibáñez)…miraba detrás y una jarra de cerveza se acercaba agarrada por una camarera hacia mí. Está claro que somos una empresa festera.

Como es típico en los locales de restauración (y no me refiero a la consulta de la esteticien), lo primero que se sirve es la bebida. Que digo yo, ¿lo harán para que te suba más fácilmente y no te preocupes si la comida está mejor o peor hecha?. Da igual, porque está tan extendido que ya nos hemos acostumbrado y lo vemos normal. De hecho es que, antes de empezar a comer algo, da tiempo a una segunda ronda de bebida. ¿Será que, además de una empresa festera, somos una empresa alcohólica?

A partir de aquí, la cena se desarrolló con total normalidad…que viendo el panorama, no es poco. Las tapas se sabían con antelación, lo que permitió a los comensales centrarse más en la conversación que mantenían con sus compañeros de mesa, que como en el juego del “Buscaminas”, se reducían a los que rodeaban a tu silla, es decir, en frente, a tu izquierda, a tu derecha, en la diagonal izquierda y en la diagonal derecha.

Y las tapas fueron apareciendo una tras otra…el surtido de ibéricos con el tomate rallado…la ensalada de pasta…las bravas (¡cómo no!)…el surtido de rebozados…la pizza doble-capa (como los DVDs)…la “mix-sartén” (con el huevo frito, las patatas el chorizo y la morcilla…una sabrosa oda al colesterol)…y el plato estrella, las brochetas de pollo a la mexicana-light (es decir, con nachos pero sin guacamole). Esta vez no había postre, pero daba igual porque su hueco lo había ocupado ya el alcohol de las repetidas jarras de cerveza y sangría que fueron cayendo a lo largo de la cena.

Y cómo no, durante el transcurso de la cena, no podían faltar los vendedores-móviles del “¡barato barato!”. Es curioso, porque en cada cena se ven las últimas tendencias en materia de cacharros, juguetitos y demás artilugios psicodélicos que viajan de mano en mano durante toda la noche, y que misteriosamente nadie conserva al final de ésta. En esta ocasión, el producto estrella fueron las gafas iluminadas. Interesante complemento con oscuros cristales y montura luminosa y parpadeante, ideal para una noche en la que, lo que menos interesa es que la persona que está enfrente pueda ver el estado en el que están tus ojos (ni hacia dónde miran). Sin embargo, hay que hacer especial mención a una duda que me surgió tras mirar las fotos…¿alguien vio en algún momento de la noche la marioneta de la cabeza de un gorila negro? Algo digno de las desapariciones y apariciones que acontecen en las cenas de Aidiki, un misterio que se ha puesto en manos de los más conocidos expertos en materia de ciencias ocultas. No sé tú, pero la primera vez que yo vi al gorila, fue el lunes siguiente mientras miraba las fotos (y te aseguro que yo estuve allí toooooda la noche…y no, no iba tajao’). No he preguntado a nadie si lo vio, porque no sé qué me asustaría mas, si que lo hubieran visto todos menos yo…o que no lo hubiera visto nadie. La cosa es que, viendo los documentos gráficos, el misterioso gorila estuvo campando a sus anchas entre todos nosotros…y seguro que más de uno/a, sin enterarse.

Volviendo a los temas menos esotéricos, y una vez sirvieron los cafés y derivados (cortados, bombones, carajillos,…etc), llegó el momento del cálculo de la cuenta. Fácil y rápida tarea, teniendo en cuenta que íbamos a menú cerrado (como cuando vas a una boda…sólo que, en este último caso, a cada uno le “cuesta” una cantidad distinta).

Bueno, empieza el momento sexy masculino de la noche. Todos los hombres empezamos a buscarnos el dinero por algún rincón de la ropa que llevamos puesta (“ ¿lo tengo en el bolsillo de atrás?…no…¿en el de delante?…no…¿en la camisa?…tampoco…..no encuentro el dinero, pero me estoy dando cuenta que estoy wenorro joer!”). Este momento de autoexploración no es disfrutado por las mujeres, que se dedican a rebuscar por el interior del bolso, como si fueran batidoras preparando un refrescante gazpacho andaluz (como siempre, ¡ellas se lo pierden!). En cualquier caso, el objetivo final de la acción es facilitar a la persona que se ha encargado de recolectar el dinero (en otra entrega intentaré desvelar las causas que llevan a la autoelección de dicha responsabilidad) la cantidad necesaria para cubrir los gastos de la cena…lo cual no es poco, dada la facilidad que hay siempre en que se eche de menos alguna cotización. Buen momento, este de la recolecta, para que los más promiscuos se aventuren en el primer cubata de la noche (al menos esta vez, nadie fue tan intrépido/a de mezclarlos con el Espidifen…al menos que se sepa).

A estas alturas de la noche, toca ya mover el cuerpo (y tanto, porque de no poder moverte en la silla se te entumecen hasta las pestañas). Hay que ir a tomar la primera copa (segunda ya para algunos). Y ahora empieza la peregrinación. Como de una película del Oeste se tratara, los que asumen el papel de “vaqueros/as”, intentan conducir al ganado (reses que llaman allí) por las calles de Valencia. Tarea que no es fácil, teniendo en cuenta el bajo nivel del sentido de la orientación que muestran ya algunos/as a esas horas de la noche. Sin embargo, gracias a su carisma, y con paciencia, uno a uno vamos entrando todos al primer local elegido para el desentumecimiento de los músculos (en este caso fue Matisse…leído Matís). Local curioso en el que la música, a veces con un estilo desorientativo, junto con un sistema de refrigeración más desorientativo aún (anduvimos todo el rato buscando por dónde salía el aire fresco) hacía que la temperatura subiera, y no la que a los hombres nos hubiera gustado (comentario machista, pero totalmente cierto), sino a la temperatura ambiental que empezó a subir casi tan rápido como el índice etílico en las venas de algunos/as.

Y fueron las altas temperaturas del local, las que propiciaron que los primeros movimientos de traslado comenzaran a rondar la mente de los/as aidikitos/as festeros/as (esto parece un discurso de la Ministra de Igualdad). Tras varios intentos fallidos, todos menos el último, los “animosos” del grupo (aquéllos que aparecíamos en el correo con el apodo de  “Ánimas”) emprendemos el éxodo hacia un local que, gracias a nuestra presencia, aumentaría esa noche más aún el glamour que lo caracteriza.

Ahora toca ir a por el coche. Los peregrinos nos vamos repartiendo entre algunos vehículos, con la intención de no retrasar mucho el reencuentro de todos, y evitar la saturación de un parking que, siendo grande, se queda pequeño.

Todo fue normal, con la excepción de uno de los vehículos de nuestra expedición. ¿Recuerdas la conductora que dejó su vehículo tocando las líneas amarillas de un garaje?…pues no se lo había llevado la grúa, lo cual ya es positivo, pero algo fuera de lo normal hacia a su dueña inquietarse conforme se acercaba. Un trozo de papel se dejaba ver bajo uno de los limpiaparabrisas…era algo parecido a una nota escrita a mano. Lo primero que pasó por su mente fue “¡¡he ligado!!…un tío con cuerpo escultural, millonario, trabajador, sensible y fiel me acaba de dejar su número de teléfono, junto a su foto, para que si me apetece me pase en 5 minutos por su casa” (vamos, lo normal que le suele ocurrir a cualquier chica que sale de cena con su empresa)…de ahí que su primera reacción fuera pensar “¡¡ a la mieeeerda las Ánimas !!”. Lástima que el sueño sólo durara los 5 pasos que tuvo que dar hasta poder agarrar el papelito, ya que sí habían números, pero no los 9 de un teléfono, sino los 4 de una matrícula, la matrícula que había cogido una chica (¡¡y encima chica!!) del coche que había dejado un “bonito recuerdo” en la esquina trasera izquierda…o sea, lo que se conoce como “un buen boño” (joer, qué palabra más barriobajera). La nota decía que un chico le había golpeado repetidas veces al intentar salir (si cuando un tío se fija en una chica, insiste e insiste….), pero claro, el tío seguro que ni está bueno, ni es sensible… y lo que es peor, ni es millonario!!. No pasa nada, el plan de las Ánimas parece que vuelve a ser el mejor en una noche nada positiva para Mapfre (el seguro del coche de la improvisada Cenicienta), pero que ésta supo afrontar sin que se le notara para nada (bueno, quizá los copazos ayudaran un poco…). Y hablando de “copazos”….¡vaya pedazo de copas tienen en las Ánimas! Estuve tentado de llevarme una para trasplantar allí un rosal que me regalaron hace días.
Pues nada, tras un corto y ameno viaje junto con mi compy conductora, llegué al sitio en cuestión. Tras girar en la rotonda, nos disponíamos a entrar en el parking y …. ¡joer!, en la puerta habían ¡¡dos miembros de la expedición!! (si es que estamos por todos los sitios). Aunque en un principio no nos conocieron y casi se suben al capó del coche, fue el momento del encuentro tan efusivo que decidieron introducirse en los asientos de atrás, y acompañarnos en la, nada fácil, tarea del aparcamiento. Joer, un parking inmenso, pero vacío de luces, y lleno de coches…y de botellones, uno de los cuales tuvimos que incitar a desplazarse para poder aparcar el coche en el hueco que ocupaban…pero no les importó para nada (gente muy amable….seguro que son familia de los camareros de La Lobera).

Y conforme salíamos del parking, nos cruzábamos con más miembros de nuestra festera expedición (qué bonito es estar rodeado de los tuyos eh?). Poco a poco fuimos apareciendo todos en la puerta de las Ánimas. Fue entonces cuando, sin previo aviso, pude experimentar lo que sienten los astronautas durante el despegue de su nave espacial. ¿Sabes eso de “se me puso el estómago del revés”? Pues en mi caso fue literalmente cierto: del revés…es decir, boca abajo, que es como me puso uno de los aidikitos cuando me vio, agarrándome de las piernas y volteándome como si fuera un saco de arroz. Menuda sensación…fue como el Dragón Kan, pero con más miedo…buffff, donde esté eso, que se quiten los deportes de riesgo como el puenting o comprar el primer día de rebajas.

Llegada la hora, y para no esperar todos en la puerta, fuimos entrando poco a poco en pequeños grupos. Íbamos recorriendo las escaleras que te llevan a la pista (de baile, no de ski…aunque seguro que allí más de uno/a estaba entre “nieve” esa noche). Una vez allí, la música house penetraba nuestros oidos transportando el ritmo a unos músculos sedientos de baile. En un momento dado, una de las aidikitas me hizo una proposición (uuauu)…se trataba de experimentar nuevas sensaciones más cálidas para nuestros cuerpos (uuuuuaaaaaauuuuuu), o lo que es lo mismo, traduciendo del lenguaje de las cenas de Aidico, me propuso ir a ver dónde estaba la pista de pachanga.

Rápidamente localizamos la música más latina, más española. Fue fácil arrastrar al resto de expedicionarios que, en pocos minutos, estaban pidiéndose en la barra la copa gratis (el “copazo” gratis diría yo). Y por cierto, no sé si dependía de la camarera que te atendiera, o si es algo común allí, pero si alguien se fijó, el echar el limón a la copa con hielo ha dejado de ser una tarea fácil al alcance de todos, para pasar a ser una habilidad con gran entrenamiento. Los pasos básicos para echar el limón yo pensaba que eran:
1.- Coger el limón.
2.- Echar el limón.
Pero no, realmente la camarera nos deleitó con un paso intermedio consistente en coger la corteza del limón con dos pinzas, y ejercitar sobre el cítrico unos movimientos repetitivos de estrujamiento ondulante que por lo visto le dan un toque especial al líquido que hay dentro….es el famoso “Toque limonero de Ánimas”. Si no está patentado, yo lo patentaría.

Y la noche seguía a buen ritmo, pero no tan a buen volumen. Era curioso estar en una discoteca y poder hablar con el que estaba a tu lado sin ningún problema. Es más, podías hablar hasta con la que estaba en el grupo de al lado (otra cosa es que ella quisiera hablar contigo). En resumidas cuentas, la música era conocida y facilitó el movimiento y el baile (incluso agarrado con las más intrépidas de la expedición). Tanto es así que la gente con tal de bailar, no cogía con fuerza las copas y éstas acababan estampadas en el suelo (por la famosa ley de la gravedad). Esto llega a ser algo normal en todos los locales de ocio, pero no por eso no deja de ser peligroso, incluso cuando estás apunto de irte a tu casa. Y fue a una de las integrantes de la empresa más festera de Valencia (la nuestra) la que por motivos que se desconocen, pero ayudados por el calzado femenino típico de esta época del año, se produjo un corte en un dedo del pie izquierdo, que no dejó de sangrar durante el transcurso del tiempo en que, uno tras otro, se aplicaba los klinex que le iban dando y que saturaba de sangre. Fue entonces cuando hizo acto de aparición un “pinganillo-boy”. Sí, uno de esos de “seguridad” que cuando les dices algo se lo tienen que preguntar a alguien por el micrófono que llevan enganchado a la solapa, que digo yo que se lo ponen ahí, porque es la única zona de la ropa que no está ceñida al cuerpo y apunto de reventar.

Tras la aparición de dos “pinganillo-boys” adicionales (en total ya eran tres), decidieron en un cónclave al más alto nivel intelectual, acompañar a la lesionada a lo que en ese momento llamaron “La enfermería”. Bonito nombre, para unas instalaciones que cumplieran con los requisitos mínimos en atención de primeros auxilios de un local como ese. Pero claro, distaba mucho eso de lo que el cuartito en cuestión tenía. Cuando nuestra sangrante compañera se disponía a entrar al sitio de la supuesta cura, se le ocurrió preguntarle al “pinganillo-boy” si era ATS….”¿AT qué?, si yo soy un camarero” dijo. “ ¡¡ Aaahhhh, valeeeee, entonces estoy más tranquila; así, ya tengo a quién le puedo pedir el hielo para ponérmelo por si me tuerzo el otro pie al intentar aguantarme en una enfermería SIN camilla!!”. Hay que joderse, la pasta que ganan, y si te haces una herida la asistencia que te ofrecen es darte un bote de Agua Oxigenada (menos mal que no le dieron Agua de Valencia) y una tirita.

Tras unos minutos de inexistente asistencia sanitaria, nos concentramos en la puerta los pocos aidiktos/as que quedábamos ya en el local. Fue entonces cuando nos enteramos que en ese sitio no están permitidas las corbatas rojas sobre camisas de manga corta de color negro. Ale! ya sabes!!. Lo que podrían hacer es publicar una web (deformación profesional sí) en donde pusieran las combinaciones de colores no permitidas, así como tipos de calzado, suavidad y tipo de la tela de la ropa, así como tipos de peinado y marcas de gomina que no se permiten llevar dentro del local. Eso facilitaría mucho la dura, complicada y poco reconocida labor de los “pinganillo-boys” de la puerta…y de paso, también permitiría que no te devolvieran sucia la prenda que te han quitado (como para ponerse a discutir con los 100 kg de músculos, de quién es la culpa de que la corbata tenga una mancha por haber estado en el suelo durante 3 horas).

Pero no nos olvidamos de nuestra compy lesionada. Los minutos seguían pasando, y su herida no dejaba de sangrar bajo una tirita que ni contenía, ni estaba pegada al dedo. Pero el “pinganillo-boy” de la puerta no contaba con la presencia entre los “amotinados” del Departamento de Calidad y Prevención…dos mujeres, ¡¡ahí es nada!!. Tras ver que el primer intento por exigir la presencia allí del encargado de la discoteca no había surtido efecto, se repitió la solicitud hasta tres veces adicionales. La verdad es que la discoteca no parecía tener mucha intención de complacer nuestra petición, hasta que se empezó a amenazar con llamar a la policía (cosa que por otro lado, no afectaba al semblante del “pinganillo-boy” de la puerta). Se repitió la frase varias veces, hasta que una de las cabecillas del amotinamiento decidió realizar la llamada de verdad (ya era hora de que dejaran de tomarnos el pelo…que supieran que íbamos en serio!!)…y como íbamos en serio, esta compañera se dispuso a sacar en serio su teléfono…y marcar en serio el 061. Sí sí, como lo lees, el 061. Yo creo que en un afán por optimizar recursos y llamar a la vez  a la Policía Nacional (091) y a la Guardia Civil (062)…decidió llamar a un número que tuviera parte de los dos….y salió el 061. Que todo hay que decirlo, es bonito (aunque no tanto como si le sumamos 8). Si llega a marcar el bonito 061…seguro que le habría contestado una maquinita con algo como “Ha contactado con el Servicio de Información del Instituto de Investigación de la Migración de Aves Rapaces de la Comunitat Valenciana: deje su mensaje después de la señal…piiiiiiiiiiiiiii”. Al menos si lo hubiera marcado al final, seguro que habría aprovechado para dar el aviso sobre los “buitres” que se veían revoloteando durante la noche por todo el local. 

Tras el simulacro de llamada a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y ya ni me acuerdo cuánto tiempo después de que se solicitara su presencia, apareció tranquilamente un tipejo con pinta de haberse levantado de la cápsula de los rayos UVA, con una ropa en plan Julio Iglesias, un pelo del mismo estilo y un móvil en la mano. Yo creo que era un colega del de la puerta que, ante la insistencia de las “Mujeres CaliPrev” (Calidad y Prevención) por ver al encargado, le dijo a su amigo que dejara el cubata en la barra y se bajara a la puerta a ganarse el pase VIP anual que le había dado por la geta, para lo cual sólo tenía que decir que “sí” a todo, no hacer nada y poner cara de tonto (esto último, tarea fácil para el que apareció por allí). Sin embargo, aseguró ser el encargado y, metido en su papel, nos dio la razón como a los locos, e incluso se ofreció a llevar a la pobre quasi-desangrada al hospital más cercano (hubiera estado bien haber aceptado a ver qué cara se le ponía…yo creo que contaba ya con nuestra negativa).

Una vez cara a cara con el encargado, se le planteó el deseo de poner una reclamación. A lo que el encargado nos reconoció tener derecho….vamos, ¡¡no te fastidia!!…¡¡a las “chicas caliprev” le vas a decir tú si tenemos derecho o no a poner una reclamación en un local público!!. A todo teníamos derecho, pero eso parecía un diálogo de besugos…mucho palique, mucho ofrecerse a llevar a la chica al hospital (seguro que para presumir de deportivo), pero de hoja de reclamaciones nada (no te extrañe que al ver que iba en serio, estuvieran imprimiendo una desde el Word…que fijo tiene una plantilla para hojas de reclamaciones). Mientras la conversación proseguía, y a las “chicas caliprev” se les encendía la luz de reserva del depósito de la paciencia, un destacamento de amotinadas ya estaba enfrente del local, con el coche en marcha esperando poder acercar a la malograda compañera a un centro hospitalario donde le pudieran hacer una cura en condiciones (al fin y al cabo, eso era lo principal). Y así fue, se le acompañó al coche, se le ayudó a subir y volvimos a la puerta donde se estaba librando la cruel batalla por el raciocinio con el encargado. Y de repente, ¡¡aleluya!!, se ofrece la oportunidad de rellenar la famosa y problemática hoja de reclamaciones, momento que no desaprovechan nuestras “chicas caliprev”, dirigiéndose al interior del recinto y disponiéndose a plasmar en unas pocas palabras, todo lo que había acontecido desde el momento en que nuestra aidikita se cortó en el pie.

Pero escribir en una hoja no fue tan liviano como podría esperarse, y sino que se lo digan a las piernas de una de las “chicas caliprev” (en concreto la ‘cali’) que tuvo que sufrir el ataque masivo, y por sorpresa de cientos, que digo cientos….miles!! de mosquitos de la especie “Puñeteris” que debe tener subcontratados la discoteca para el empleo en estos casos de alteración del orden (o sea, que se moleste al encargado). Pero la valentía de nuestras heroínas no tiene parangón, y antepusieron la defensa de los derechos de nuestra compañera lesionada, a las horas que se tirarían al día siguiente rascándose los picotazos.

Y con la sensación del deber cumplido, aunque sin el convencimiento de que surtiera efecto, nos dispusimos a abandonar la zona. En grupo nos fuimos aprroximando a los dos coches, cuyos dueños nos acercarían amablemente a cada uno de nosotros a nuestras casas, o a donde habíamos aparcado el coche antes de la cena (“a hacer puñetas” fue mi caso…¿lo recuerda el lector hace ya 6 páginas?). A destacar el gran gusto que demostró uno de los dos conductores de los que acabo de hacer mención, en la elección de la camisa que llevaba. Una camisa así, está reservada para hombres de una gran clase y distinción (el hecho de que yo tenga una camisa igual no ha influido de forma considerable en la valoración emitida).

Al final, y con el rollo de la reclamación el día había empezado totalmente. El sol lucía ya fuerte sobre el cielo, y yo cuando llegaba a mi casa, me tropecé con la vecina del 3º, que al verme no pudo evitar la expresión de su cara queriendo imaginar de dónde venía yo a esas horas, a lo que yo muy astutamente contesté “ lo bueno de madrugar es que sales con la ‘fresca’ ”…y ella que entienda lo que quiera.

Bueno, poco más queda por añadir (desde aquí oigo los suspiros de alivio de todos los que, leyendo, han llegado hasta aquí sin dormirse en el intento), simplemente que, en general y salvando el final, volvió a ser una reunión divertida, agradable y con chispa. Repetible en cualquier momento, que espero llegue pronto, para poder compartir con todos, y con alguno/a más que se apunte a la siguiente, otra noche de las “AidikiPartys”.

Y para finalizar, y como regalo de vacaciones, me complace comunicaros que tras un complejo sistema de tratamiento de imágenes digitales desarrollado en exclusiva por la empresa Antuan Films S.A., se ha conseguido extraer el sonido de ambiente que se grabó junto con las fotografías sacadas durante toda la noche. Es un documento único y revolucionario. De esta forma, ya se puede saber qué decía la gente mientras estaba siendo fotografiada. Espero os guste el regalo que podréis encontrar en el directorio R:\COMUN\Toni\Cena-Jul08 (copia el archivo en tu disco duro y lo verás mejor…Ahh!, y conecta los altavoces antes de verlo!!).

Besos y abrazos para todas y todos (y en ese orden)

Antuan.

22 - Julio - 2008 - Publicado por Antuan | Fiestas | , , , , | 1 comentario

1 comentario »

  1. Nice post! Thanks for the info… Have a nice day!

    Comment por Plokmaster | 22 - Julio - 2008 | Responder


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